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El Puente que soy

Mi caminar

Cuando apenas iniciaban los 80, mi casa era un hogar itinerante que se movía entre las principales ciudades de Colombia. Este movimiento se daba conforme a las necesidades de la labor de mis padres, quienes se dedicaban a la enseñanza de la Meditación Trascendental, una técnica muy valiosa para la liberación del estrés y una herramienta transformadora en el tratamiento de la enfermedad psicosomática. Esta práctica ha sido pionera en abrir un portal de entendimiento y validación científica a las prácticas que hoy llegan, masivamente, desde Oriente y que, el mismo occidente, ha apropiado muy a su manera.

Es así como, en parte de mi infancia y adolescencia, mi casa fue un Centro de Meditación y, sin que esto pretenda aludir a una infancia idealizada, sí puedo decir que mi mirada de la salud y de la enfermedad fue, por lo tanto, distinta desde el seno mismo de mi hogar.

Mis padres abrieron un camino que se unió a mi búsqueda individual y álmica. Entre la Meditación Trascendental, el Yoga, ciertas prácticas de danzas sagradas de la India como la Odissi y el acercamiento al mundo de síntesis del gesto y los mudras se fue hilando mi camino, hasta que, a los 21 años de edad, conocí el Reiki. Fue en ese momento, cuando recibí la iniciación en el Primer Nivel de Reiki, que hallé un nombre para algo que sentía ya conocer, y que desde niña exploraba al jugar con mis manos a la médica, emulando los tratamientos de cromoterapia, terapia neural y fitoterapia que emplearon para atender el asma y las alergias respiratorias que padecí en la infancia.

Soy comunicadora social - periodista de profesión, egresada de la Universidad de Antioquia, y, en el año 2005, recibí la iniciación en los niveles 2 y 3 de Reiki, en AYMALUZ, de la mano de mi padre y su esposa, directores y fundadores de una labor integral de acompañamiento, a través de la guía de los Ángeles y Maestros de Luz.

Desde Aymaluz, una misión de amor al servicio de la luz, Ana María Arbeláez y mi padre, Ramón Elías Acosta, fueron quienes, con cariño y confianza, me impulsaron a tomar el liderazgo de la enseñanza del Reiki, dentro y fuera de su organización. Son ya 15 años enseñando el Reiki, aprendiendo, sanando, acompañando y siendo acompañada a través del él.

Tras dejar mi trabajo en la televisión educativa regional, y en la docencia universitaria, he dedicado los últimos siete años de mi vida, exclusivamente, a la consulta individual de Reiki, y a propiciar otros talleres y encuentros para una gestión de la salud al alcance de nuestras manos. En este caminar, mi esposo, Juan Felipe Correa Gómez, también comunicador de profesión y Maestro Reiki, se ha unido a este compartir y, actualmente, acompaña con su saber y amor lo espacios de formación.

Mi interés y estudio de la psique, a través de mi propio proceso de psicoterapia, y desde las búsquedas intelectuales y espirituales desde allí motivadas, han nutrido mi quehacer terapéutico. He hallado medios y orillas, puentes y herramientas que integro al Reiki:

·         La mirada psicológica.

·         El análisis del Tarot, como un libro del conocimiento.

·         Mi acercamiento, reciente, a la astrología védica.

Estos antiguos saberes, que exploran las energías internas y cósmicas vía las imágenes y mitos que nos habitan, son elementos de apoyo y un co-relato de los caminos del alma, a través del proceso de individuación y trascendencia que venimos a vivir a la Tierra.

TACTO, PALABRA Y SENTIR son los puentes de conciliación, integración y visión que, desde el corazón, propicio, descubro, aprendo y comparto, en este sendero terapéutico de despertar de la consciencia crística, de esa consciencia diáfana de Amor Universal en cada uno de nosotros y en Gaia.

 

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