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  • Ana Lucia Acosta B. @unpuentereiki

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LA MAESTRÍA REIKI, un encuentro para sanar tus propias heridas

Cada vez que inicio a alguien en Reiki, se trate de un primer, segundo o tercer nivel, corroboro la dimensión que tiene esta labor. Escuchar historias acerca de cómo cambia la vida de las personas una vez entran en contacto con la energía crística, la fuerza del corazón, es entender que para el Maestro Reiki el nivel de refinamiento y nutrición espiritual debe ser constante, pues el reto es encontrar lo genuino, la luz de la consciencia en cada momento de sanación.

A través del Reiki, recordamos el regalo de sanar al extraerlo de un lugar de la memoria, en donde la incondicionalidad del amor y la entrega nos permitieron, desde tiempos inmemoriales, aliviar tanto el cuerpo como el alma. Sin embargo, también se hace evidente, cómo un día, la historia movió el péndulo al ritmo de la dualidad y las fuerzas cocreadores de la vida, y la expresión humana de esa fuerza masculina y femenina, entró en rivalidad y opresión, dentro y fuera de nosotros. Y fue allí, cuando equiparamos el DAR con abnegación, con sacrificio y negación de nuestra esencia, y el DAR, ese aspecto esencial de la naturaleza de lo femenino que podría expresarse de manera especial en las mujeres, se volvió carga histórica, familiar, cultural.

Podríamos decir que fue en ese momento, cuando para el hombre y la mujer sanadores, y en especial cuando para la mujer, la madre, buscar ascender en términos espirituales, implicó una trampa de esfuerzos interminables por los otros, creyendo que sanar, “salvar” “redimir” a otros, era algo que estaba en “sus manos”. 

Y entregamos cuerpo y alma, y como madres, mujeres, hijas, hermanas, o como hombres de gran corazón, perdimos el límite entre ayudar a los seres amados y servir de impulso liberador para que CADA UNO hiciera lo que le correspondiera en consciencia, y de acuerdo a sus posibilidades evolutivas.

¿A qué viene todo esto? Has escuchado la expresión “Médico cúrate a ti mismo” Llegar al tercer nivel del Reiki, es asumir de nuevo y de manera especial, aquello que desde el primer nivel has escuchado y que en esta parte del camino ya no puedes ignorar, y es: La primera responsabilidad es contigo mismo, contigo misma.

Los médicos también enferman, y los sanadores, si bien todos los seres humanos tenemos ese potencial divino, me refiero a aquellos que se acercan de forma consciente a la sanación, también se afectan emocional y físicamente. “Enfermamos”, porque somos humanos en un proceso de evolución y conexión, y casi siempre toda esa trayectoria espiritual que ha determinado no  sólo nuestros intereses, nuestro cuerpo, también ha definido un camino especial para expresar esa tarea. Y gran parte de esas características, que son potenciales, dones y atributos, están directamente ligadas a las heridas que en el alma y en el cuerpo traemos como sanadores. No te asustes al sorprenderte como una mujer que fue violentada sexualmente, pueda tener intrínseco el don de activar el poder depurador y restaurador en el centro sexual tanto de ella misma como de otros seres.

Sin embargo, dicha sanadora primero se verá cara a cara, una y otra vez, con su dolor, con la fuerza de su herida, con lo que el cuerpo y el alma, a manera de síntoma le expresan, pues la mente y la emoción liberan y señalan a través del cuerpo qué está pendiente por trabajar. Entonces, en la tarea con los otros, esta sanadora entenderá el valor de TRASCENDER, DEPURAR y TRANSMUTAR sus propias heridas, pues es allí dónde está su mayor potencial y poder. DAR en libertad a otros será una expresión más plena y gratificante en la medida en que se haga cargo de sí misma.

Por tanto, un sanador, un reikista, o en tu caso: un MAESTRO REIKI, una MAESTRA REIKI, es quién asume que el poder esencial de la sanación está en el amor a sí mismo, que cuando te pones en el lugar privilegiado e inmensamente generoso del amor incondicional, te abrigas, te apoyas, buscas el origen de tu desazón, entonces limpias el recipiente a través del cual la energía del Reiki fluye para otros, en una sesión, al momento de pasar los alineamientos a otros o simplemente en tu presencia. Porque empezarás a notar cada vez más, como para muchos seres el simple hecho de conocerte representará un encuentro movilizador con su propia luz.

Y sí, claro que podemos ayudar a cambiar la vida de los otros, claro que sí, porque cuando decidimos iniciarnos en Reiki, decidimos cambiar nuestra vida, y como el cambio se está dando adentro se seguirá dando afuera, sin embargo, LIBÉRATE DEL RESULTADO. Tu responsabilidad, empieza siendo un canal de expresión de la vida y termina siendo un canal de expresión de la vida. LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE SALVAR O SANAR A OTROS, pues eso se dará de forma natural, en la medida en que CENTRES LA RESPONSABILIDADES DE TU EXISTENCIA en tu felicidad, no en la felicidad de los demás.

Ya es lo suficientemente feliz poder servir, no te esclavices a la espera de un resultado específico. Aprende por tanto, a observar en las demandas y solicitudes de los otros un anhelo sagrado, una búsqueda, pero identifica también cuándo es a ti, a quien le corresponde guiar, acompañar o servir de canal para ello y cuando no. Para esto, identifica el momento, identifica cómo te sientes, qué te estás dando a ti mismo, a ti misma, a tu cuerpo, en descanso y alimento, en amor y armonía, y a partir de esto decide.

No quiero decir que primero debamos alcanzar la ascensión para luego compartir con los otros y ayudarlos, lo que este mensaje te invita a reflexionar es que HOY la Madre Tierra, como consciencia femenina, nos dice: “Basta de permitir la fuga de tus reservas de amor y energía en nombre del amor a otros, ámate a ti mismo, pues tu eres lo suficientemente sagrado, sagrada, para ser preservado. Recuerda el equilibrio amoroso entre el dar a otros y el darte a ti mismo. Mira lo que sucede en un planeta en donde en nombre del progreso y la preservación de la raza humana, los excesos llegan a la depredación de la energía sanadora de la madre, mi energía, tu energía, la energía de la vida”.

Que el ejercicio de la MAESTRÍA REIKI te ponga en el lugar de tu más apreciado discípulo y te permitas redescubrir en ti y tus heridas, el tamaño de tus dones, encárgate de aquello que te duele, y así dar a otros será simplemente un asunto de caminar, de acompañarlos, de respirar junto con ellos. Esto es Reiki, un puente hacia la expresión plena de tu propio ser, un puente a ti mismo.

Con amor y gratitud,

Ana Lucia Acosta Bedoya

Maestra Reiki

Aymaluz “Una misión de amor, al servicio de la luz”

Comunicadora Social – Periodista U de A

Master en Derechos Humanos U de Alcalá – Madrid

 

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